Bucear entre barcos hundidos en la Costa Virgen de Croacia

Desde la península de Istria hasta más allá de Dubrovnik, cerca de 1.200 islas orlan un litoral inconcebiblemente intacto, que accede a dejarse descubrir a bordo de veleros y goletas. En esta costa croata, bañada por las aguas turquesas del ÁDRIÁTICO, es posible incluso bucear entre barcos naufragados, testimonio sugerido de mil y una civilizaciones.

Por los Pueblecitos de la Costa Dálmata no es extraño oír contar como unos pescadores capturaron en sus redes un ánfora romana mientras trajinaban en esta agua increíblemente transparentes, e incluso alguna mas antigua todavía, procedente del naufragio de alguno de los navíos griegos que, antes de Jesucristo, ya comerciaban con las tribus iliarias, pueblo que habitaba buena parte de la costa de la actual Croacia.

Los Museos de sus ciudades ribereñas andan sobrados de tesoros rescatados después de muchos siglos en el fondo del mar, aunque el Adriático todavía guarda muchos secretos, y los aficionados al buceo pueden aquí salir al encuentro de barcos hundidos, legados por muchas de las antiguas civilizaciones que han llenado la paginas de la larga historia de este país, que, sin embargo, es muy joven como tal.

Si, cerca de Dubrovnik, la isla de Mljet permite participar en expediciones submarinas para descubrir los restos calcificados de un navío romano del siglo III, al oeste de las islas Brijuni es posible tomar parte en increíbles inmersiones hacia uno de los pecios mas famosos del mediterráneo: el barco austro-hún-garo de pasajeros Baron Gautsch, rebautizado como el Titanic del Ádriatico, que en 1914 se cobro casi 250 vidas al estallar a su paso una mina submarina. También el carguero griego Peltastis, naufragando durante una tormenta en 1968 en la bahía de Kvarner, protagoniza algunas de las inmersiones mas espectaculares por esta agua, al igual que en Francesca da Rimini, hundido en 1944 por dos torpedos cerca de la isla Kaprije. Junto a la costa Peljesac, el S-57, uno de los buques de guerra mejor equipados de su época, hundido por su capitán en la Segunda Guerra Mundial durante una operación de rescate alemán que buscaba supervivientes de un naufragio anterior.

Pero además de muchos otros precios, que hacen de Croacia un destino único para los submarinistas, sus aguas también albergan cuevas de ensueño, como la impresionante Gruta Azul de la isla de Viso a la de Lucice, en la isla de Brac, y sobre todo, un litoral despampanante para descubrir con un grupo de amigos a bordo de los veleros y goletas que alquilan por toda la costa y que, en los meses mas calidos, se concierten en la mejor forma de atracar en sus calitas turquesas orladas de pinares, sus pueblos de piedra y sus afilados roquedales sin construcción humana a la vista: desde el parque Nacional de las Islas Kornati,

entre cuyos centenares de islotes de aspecto lunar se puede navegar durante días sin ver el menor rastro humano, hasta islas mucho mas llenas de vida, como las famosas Hvar, Korcula o Brac, donde en verano se concentra el mejor ambiente en sus puertos y restaurantes de pescado, aunque milagrosamente aun están a salvo de la masificación y de la construcción desmedida.

Todas ellas, junto con el rompecabezas de islitas mas anónimas y remotas, hacen de la Costa Dálmata una insólita seriede paisajes vírgenes que exhiben ala Mediterráneo tal cual era muchos siglos atrás, con el cebo añadido de los cascos históricos que aguardan en tierra firme y que amalgaman en sus ciudades ribereñas mas interesantes – Zadar, Sibenik, Trogir, Split y, por supuesto, Dubrovnik – las huellas que griegos, romanos, sefardíes expulsados de España y Portugal, venecianos, austro-húngaros o franceses fueron dejando esparcidas por este país, que paso de unas manos a otras hasta convertirse en una nación independiente hace ahora poco mas de tres lustros.